Según el historiador José Miguel Carrillo, en su libro "Las hemorroides de Napoleón", de no haber sido por ellas (por las hemorroides claro), otro gallo habría cantado en Waterloo.

Por lo visto, el señor Bonaparte se pasó horas con el culo en remojo sufriendo en silencio cuando debería haber dirigido la famosa batalla.

 napoleon_waterloo.jpg picture by BU1845

 Si por algo tan banal como eso, se pudo haber inclinado la balanza de semejante batalla ¿qué no puede haber conseguido un inoportuno dolor de muelas? ¿Cuántas batallas pueden haberse perdido por una resaca? ¿o por un cólico? ¿Cuántas calles, plazas o fiestas nacionales se dedican a quien venció gracias a una diarrea del enemigo?

¡Qué frágiles somos cuando nuestra historia puede cambiar para siempre por una otitis!