Según el historiador José Miguel Carrillo, en su libro "Las hemorroides de Napoleón", de no haber sido por ellas (por las hemorroides claro), otro gallo habría cantado en Waterloo.
Por lo visto, el señor Bonaparte se pasó horas con el culo en remojo sufriendo en silencio cuando debería haber dirigido la famosa batalla.

Si por algo tan banal como eso, se pudo haber inclinado la balanza de semejante batalla ¿qué no puede haber conseguido un inoportuno dolor de muelas? ¿Cuántas batallas pueden haberse perdido por una resaca? ¿o por un cólico? ¿Cuántas calles, plazas o fiestas nacionales se dedican a quien venció gracias a una diarrea del enemigo?
¡Qué frágiles somos cuando nuestra historia puede cambiar para siempre por una otitis!

Atiza, una noticia escalofriante, aunque me impacto más que la Torre Eiffeil hubiese podido estar en BCN. Un libro interesante sin duda alguna y eso explica la cara mala leche que tenia siempre. Besos.
Muy curioso.No sabía nada de esa anecdota..
La Torre Eiffel en barcelona???!!!
¿Eso viene en el libro? Habrá que leerlo , parece lamar de curioso
en la edad media se curaban las hemorroides con hierro candente, que saben de esa historia