En 2004 una empresa despidió a una empleada con la excusa de que no era necesario el puesto que ocupaba. Poco después contrataba a otra persona para ese puesto y la señora despedida, lógicamente, se cabreó y llevó a la empresa a jucio para recuperar su trabajo

¿Qué pasó? Pues que había sido despedida al poco tiempo de anunciar que estaba embarazada. A la empresa en cuestión no le pareció bien que no les hubiera avisado de su estado.

Ahora el Tribunal Constitucional obliga a la empresa a readmitirla ya que, en pocas palabras, nadie tiene por qué anunciar si está preñada o no si no le da la gana hacerlo.

Faltaría más.

Lo increíble es que algo así haya llegado hasta el Constitucional antes de darle la razón a la afectada.